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Para bien o para mal, la conducción de cualquier
programa, esquema o estrategia de trabajo que se plantee, está todavía en las
manos de un ser humano que la administra. Para mal, ese administrador puede no
estar preparado, o haberse acostumbrado a la liviandad o a la tibieza. O lo que
es peor, estar a meses de se retiro físico y haberse retirado ya
emocionalmente. (lo he visto incluso en el IPA).
Para bien, porque cualquier error o desajuste del
programa a la realidad, puede ser sanado. Por lo menos en parte. Y esa es la trinchera
en la que estaremos. Y también es parte de la realidad de la vida que cada vez
que nos enfrentamos a la ejecución de cualquier planificación vamos a tener que
improvisar. (Entiendo por improvisar lo que sucede al más preparado músico
cuando va a realizar cualquier performance y debe hacer alguna adaptación; y no
la horrenda acepción que se le da vulgarmente al término).
En el subtítulo “Arrancamos un picadito” del
repartido Pura suerte, se describe como la actividad escapa a toda
planificación y debe adaptarse a lo que toque:
Hay días que somos 20, algunas veces cinco, otras
veces estamos solos, y nos quedamos a seguir ocupando y construyendo el
espacio. Muchas veces nos están esperando. Ya saben que nos van a encontrar ahí.
Algunos suspenden lo que están haciendo y se acercan.
En ocasiones, los pibes están a unos metros, con
sus historias y nos saludamos a la distancia
En los términos “cos sus historias” y “a la
distancia”, se puede ver la potencia de cada situación personal.
Es en este lugar donde se ve la calidad del “improvisador”.
Y estoy seguro de que esa calidad se debe más a su larga y profunda preparación
que a un talento “mágicamente” atribuido a los genes. (En otras épocas a “la
sangre”).
Otro escalón a atravesar es el tiempo. Nos movemos
en él, pero no nos pertenece. En “Sobre destiempos y reparaciones o ¿qué podría
ser lo cuir en la educación musical? Cecilia Mauttoni Migues (Canelones,
Uruguay), se marcan los periodos anuales, paros, huelgas, conflictos y la
ultima pandemia, como parámetros que afectan nuestro desempeño docente, pero
que al final pueden conducirnos a otro espacio donde plantearnos otra manera de
encontrarnos.; “El encuentro por fuera del marco o desmarcado, puede
abrir una pequeña ranura a través de la cual es posible a veces compartir, no
sin riesgos, quiénes somos, docentes y estudiantes.” (Mauttoni, C.
2022).
Y todos estos inconvenientes, que llamo escalones
me llevan a dos preguntas. Primero la más obvia que es como lo soluciono,
subsano o arreglo. Pero cuando llega la sobrecarga de acontecimientos, se llega
a la segunda que es más importante: ¿para qué enseño?
Y me respondo preguntándome: ¿es tan importante
terminar “perfectamente” una comanda personal que piensa que todos deben
convertirse en grandes profesionales o dejar un rastro, una huella, algo que
lleve a los alumnos a poder disfrutar de un acto musical, activo o incluso pasivo?
Ahí me relajo y termino liberado al volver a
comprobar que no estoy a cargo de universo. Puede parecer cómico, o parte de un
monólogo humorístico, pero es real. Y no me libra de mi responsabilidad de
enseñar. Me ajusta a ella.
¿Qué visualizo yo de esa responsabilidad y placer
de enseñar?
El deportista o el músico
profesional huye del destiempo sabiendo que tiene que entrenar muy regularmente.
Sus músculos y su coordinación no saben si hay paro o es feriado. No es
necesario llevar al aluno a este estado. Pero si dejarle la semilla que si la música
tiene hora, lugar regular, sin necesidad de llegar a una rutina se termina
desarrollando más gustosamente.
Por otro lado me imagino
atento a quien puede querer algo más. No sin ir más lejos, este mismo año en mi
grupo de práctica del liceo 17 un alumno se me acercaba cada vez que terminaba
la clase y yo estaba guitarra en mano. Me decía que le gustaba la guitarra,
pero que no tenía instrumento. Un día le dibujé los acordes de la canción de mi
visita final en su cuaderno. Le comenté que en la Biblioteca del liceo había
guitarra y podía acceder a ella en cada hora libre. A la semana siguiente se
repitió la escena. Hablamos lo mismo pero me dijo que no había ido a la
biblioteca. Le sugerí levemente que volviera a intentarlo. Y por fin, una
semana más adelante se me acercó, me pidió mi guitarra y me mostró como había
mejorado gracias a ir a la biblioteca entre semana. Funciona el estar ahí, al
servicio…
Por último, creo que si
bien es necesario y posible enseñar música haciendo música, no estar cerrado a
abrir la puerta al conocimiento formal. O mejor dicho, a lo ya hecho por otros
y que puede ayudarnos. Y así como
desecho el significado despectivo que se le da a la improvisación, también
desecho la designación negativa del término tradición. No creo caer en armadura
del conservatorio. Simplemente pienso no perder lo bueno. ¿Cuándo recurrir a
ella?
Primero cuando chocamos con una dificultad que nos bloquea. Segundo cuando llegamos a un punto donde cuesta crecer. Y último, cada vez que tenga ganas…
Bibliografía
Pura suerte. Artículo xx de la revista xx
Mauttoni Migues, Cecilia. 2022. Sobre destiempos y reparaciones o ¿qué
podría ser lo cuir en la educación musical? Ponencia presentada el 2 de noviembre
2022 en el Segundo Encuentro Latinoamericano de Música, Género y Diversidad de
la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, Argentina.

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