jueves, 2 de noviembre de 2023

04- Reflexión del año


Imagen libre recuperada de https://pixabay.com/es/
y editada personalmente.

Para bien o para mal, la conducción de cualquier programa, esquema o estrategia de trabajo que se plantee, está todavía en las manos de un ser humano que la administra. Para mal, ese administrador puede no estar preparado, o haberse acostumbrado a la liviandad o a la tibieza. O lo que es peor, estar a meses de se retiro físico y haberse retirado ya emocionalmente. (lo he visto incluso en el IPA). 

Para bien, porque cualquier error o desajuste del programa a la realidad, puede ser sanado. Por lo menos en parte. Y esa es la trinchera en la que estaremos. Y también es parte de la realidad de la vida que cada vez que nos enfrentamos a la ejecución de cualquier planificación vamos a tener que improvisar. (Entiendo por improvisar lo que sucede al más preparado músico cuando va a realizar cualquier performance y debe hacer alguna adaptación; y no la horrenda acepción que se le da vulgarmente al término).






En el subtítulo “Arrancamos un picadito” del repartido Pura suerte, se describe como la actividad escapa a toda planificación y debe adaptarse a lo que toque:

Hay días que somos 20, algunas veces cinco, otras veces estamos solos, y nos quedamos a seguir ocupando y construyendo el espacio. Muchas veces nos están esperando. Ya saben que nos van a encontrar ahí. Algunos suspenden lo que están haciendo y se acercan.

En ocasiones, los pibes están a unos metros, con sus historias y nos saludamos a la distancia

En los términos “cos sus historias” y “a la distancia”, se puede ver la potencia de cada situación personal.

Es en este lugar donde se ve la calidad del “improvisador”. Y estoy seguro de que esa calidad se debe más a su larga y profunda preparación que a un talento “mágicamente” atribuido a los genes. (En otras épocas a “la sangre”).

Otro escalón a atravesar es el tiempo. Nos movemos en él, pero no nos pertenece. En “Sobre destiempos y reparaciones o ¿qué podría ser lo cuir en la educación musical? Cecilia Mauttoni Migues (Canelones, Uruguay), se marcan los periodos anuales, paros, huelgas, conflictos y la ultima pandemia, como parámetros que afectan nuestro desempeño docente, pero que al final pueden conducirnos a otro espacio donde plantearnos otra manera de encontrarnos.; “El encuentro por fuera del marco o desmarcado, puede abrir una pequeña ranura a través de la cual es posible a veces compartir, no sin riesgos, quiénes somos, docentes y estudiantes.” (Mauttoni, C. 2022).

Y todos estos inconvenientes, que llamo escalones me llevan a dos preguntas. Primero la más obvia que es como lo soluciono, subsano o arreglo. Pero cuando llega la sobrecarga de acontecimientos, se llega a la segunda que es más importante: ¿para qué enseño?

Y me respondo preguntándome: ¿es tan importante terminar “perfectamente” una comanda personal que piensa que todos deben convertirse en grandes profesionales o dejar un rastro, una huella, algo que lleve a los alumnos a poder disfrutar de un acto musical, activo o incluso pasivo?

Ahí me relajo y termino liberado al volver a comprobar que no estoy a cargo de universo. Puede parecer cómico, o parte de un monólogo humorístico, pero es real. Y no me libra de mi responsabilidad de enseñar. Me ajusta a ella.

¿Qué visualizo yo de esa responsabilidad y placer de enseñar?

            El deportista o el músico profesional huye del destiempo sabiendo que tiene que entrenar muy regularmente. Sus músculos y su coordinación no saben si hay paro o es feriado. No es necesario llevar al aluno a este estado. Pero si dejarle la semilla que si la música tiene hora, lugar regular, sin necesidad de llegar a una rutina se termina desarrollando más gustosamente.

            Por otro lado me imagino atento a quien puede querer algo más. No sin ir más lejos, este mismo año en mi grupo de práctica del liceo 17 un alumno se me acercaba cada vez que terminaba la clase y yo estaba guitarra en mano. Me decía que le gustaba la guitarra, pero que no tenía instrumento. Un día le dibujé los acordes de la canción de mi visita final en su cuaderno. Le comenté que en la Biblioteca del liceo había guitarra y podía acceder a ella en cada hora libre. A la semana siguiente se repitió la escena. Hablamos lo mismo pero me dijo que no había ido a la biblioteca. Le sugerí levemente que volviera a intentarlo. Y por fin, una semana más adelante se me acercó, me pidió mi guitarra y me mostró como había mejorado gracias a ir a la biblioteca entre semana. Funciona el estar ahí, al servicio…

            Por último, creo que si bien es necesario y posible enseñar música haciendo música, no estar cerrado a abrir la puerta al conocimiento formal. O mejor dicho, a lo ya hecho por otros y que puede ayudarnos.  Y así como desecho el significado despectivo que se le da a la improvisación, también desecho la designación negativa del término tradición. No creo caer en armadura del conservatorio. Simplemente pienso no perder lo bueno. ¿Cuándo recurrir a ella?

            Primero cuando chocamos con una dificultad que nos bloquea. Segundo cuando llegamos a un punto donde cuesta crecer. Y último, cada vez que tenga ganas…


Bibliografía

Pura suerte. Artículo xx de la revista xx

Mauttoni Migues, Cecilia. 2022. Sobre destiempos y reparaciones o ¿qué podría ser lo cuir en la educación musical? Ponencia presentada el 2 de noviembre 2022 en el Segundo Encuentro Latinoamericano de Música, Género y Diversidad de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, Argentina.

 

 

 


 



 

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